Nueves cosas que crees saber sobre los zoológicos y no son ciertas

El siguiente texto es un fragmento de un artículo escrito por Peter Dickinson, consultor internacional de zoológicos, publicado en https://hubpages.com/animals/Zoo-Misconceptions, que busca aclarar algunas ideas preconcebidas sobre los zoológicos:

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Los zoológicos son malos
Esta es una afirmación muy común, aunque un poco tonta. Sería como decir que todos los hoteles, nueces o manzanas son malos. Hay malos hoteles, malas nueces y malas manzanas, pero, no todos lo son. En ese sentido, no todos los parques zoológicos son malos. Los malos zoos tienden a caer en dos grandes grupos: los que son malos porque solo buscan conseguir algo de dinero y los que son malos por ignorancia. Afortunadamente la imagen está cambiando y cada vez existen menos de estos parques zoológicos, ya que hoy en día la educación es la clave. Por ello, el cierre de los zoológicos no es la respuesta. Si le preguntaras a cualquier buen profesional de un zoológico si preferiría que no hubieran de estos lugares, seguramente dirá: “sí, en un mundo perfecto no habría zoológicos“. Infortunadamente, estamos lejos de estar en un mundo perfecto. Hay avaricia y destrucción de hábitat, caza furtiva y caza no reglamentada, además de que no todos pueden costear vacaciones caras para ver animales en estado silvestre.

4Algo sobre los zoológicos
Nadie niega que al principio los zoológicos eran principalmente un lugar de entretenimiento, si bien hoy en día sigue siendo un tema importante, su operar está más ligado a la educación, es decir, su objetivo es educar a los visitantes de una manera entretenida. Tal vez creas que rara vez visitarías un zoológico para aprender, aunque este puede ser el ideal de muchos de los profesores que llevan a sus estudiantes a estos lugares. Sin embargo, si los zoológicos pueden enseñar a la gente, estarían haciendo la diferencia. Además, están la conservación y la investigación, y aun así todo va más allá de esto.

12705563_10153935063348826_5828659175492158715_nLos zoológicos no son seguros
Los zoos son tan seguros como usted los hace. Como en todas partes, los accidentes ocurren, pero son muy raros ya que estas instituciones priorizan la seguridad de su personal, y especialmente, la de los visitantes. Generalmente, los accidentes sólo se dan cuando el público o el personal hacen algo como entrar a un hábitat o violar alguna barrera de seguridad. Así como nadie camina delante de un carro o un tren en movimiento; si no entras a las exhibiciones o ignoras alguna barrera, estarás bien. Asimismo, en la muy muy rara posibilidad de que un animal salga de su hábitat, no será para atacar a nadie, estará desorientado y asustado, y, en pocos segundos, perderá la seguridad y familiaridad de su recinto. Mantén la calma y estarás bien. Deja el control de la situación al personal del zoo.

4Los zoológicos fuerzan a los animales a hacer trucos
No, no lo hacen. No es un interés zoológico forzar a un animal a hacer nada, son los circos quienes lo están. Los zoológicos le enseñan a los animales a ejercitase, en la mayoría de las veces, para su propio beneficio, en los otros, para mostrar a los visitantes un poco de sus capacidades físicas e inteligencia. Nadie visita el zoológico para ser “educado”, sino para divertirse y pasar un momento agradable, los buenos zoológicos lo saben y, en esa medida, entrenan a los animales para lograr educarte mientras te diviertes. Por su parte, los malos zoológicos no hacen nada, simplemente, entretener.

Los zoológicos toman a los animales de su hábitat natural
Para nada. La mayoría de los animales que habitan en zoológicos nacieron allí o en otro parque, no conocen la naturaleza, con ellos se busca contribuir a la conservación de las especies.

Los Centros de Conservación, Santuarios, Centros de Rescate y Parques de Vida Silvestre son mejores
En realidad todo es prácticamente un mismo nombre ya que todos son exactamente lo mismo. De cualquier modo: animales, cautiverio, etc. Puedes leer más sobre esto en ‘¿Es un zoológico?’ En realidad es una afirmación ignorante ya que lo único que cambia es el nombre. De hecho, una de las cosas más tontas que he leído fue en un informe donde decía que el animal había sido removido de un zoológico y “liberado en un santuario”. Fue simplemente un traslado de un recinto a otro. Deea Deb resume lo que es un verdadero santuario: “un hogar para los animales donde vagan libremente y se alimentan de sus presas. No hay jaulas o límites de ningún tipo (excepto los externos para proteger el hábitat y los habitantes fuera del santuario)”.

¿Y los safaris?
Nuevamente, son lo mismo. La gente asume erróneamente que es mejor que un zoológico tradicional. Este no es el caso. En el ojo del observador los animales parecen tener mucho espacio, cuando en realidad no es así. Los visitantes se quejarían rápidamente si no pudieran ver aquello por lo que han pagado para ver.

4Los zoológicos huelen mal
¿Y qué con eso? No significa que estén sucios. El olor o el olfato juegan un papel importante en la vida de la mayoría de los animales. Si los zoológicos llegaran a eliminar estos olores, simplemente para hacerte sentir mejor, eso sí que sería cruel.

¿Por qué los zoológicos albergan animales que no están en peligro de extinción?
¿Por qué no hacerlo? Uno de los papeles de los zoológicos es la educación, por lo que da a los visitantes la oportunidad de ver especies comunes también. También permite al personal la oportunidad de aprender cómo mantener con éxito tales animales.

Las imágenes de esta entrada hacen parte del archivo fotográfico de la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla.

Título original: Zoo Misconceptions

¿Qué pasa con los osos de anteojos en Colombia?

Por Christian Olaciregui Pineda, Jefe de Biología y Conservación Fundazoo

1Actualmente, no hay certeza de cuántos osos de anteojos hay en la naturaleza, lo que sí está claro es que sus poblaciones están disminuyendo, por lo quecada individuo cuenta. De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) advierte que si no se controlan las amenazas a las que esta especie se enfrenta, para el año 2030, su situación podría ser peor.

Una de estas amenazas es la persecución por parte de los humanos, debido a la competencia en la que osos y personas entran por el territorio, así como el miedo que la presencia de estos animales genera en las personas. Este conflicto crece día a día, muestra de ello son los recientes casos ocurridos en los departamentos de Cauca, Risaralda y Boyacá, en los que varios osos de anteojos resultaron afectados.

Cuando un conflicto ocurre, generalmente, termina en la muerte del oso involucrado, además, cuando se trata de una hembra con crías, sus cachorros quedan a la deriva, siendo, en algunos casos, rescatados por entidades de control que garantizan su supervivencia a través de la crianza, la cual requiere de cuidados especializados que deben realizarse bajo la responsabilidad de humanos.

12Así ha sucedido con los dos osos machos que han vivido en el Zoológico de Barranquilla en los últimos 20 años: el primero llegó en 1999 luego de un rescate en la Serranía de Perijá después de que su madre fuera asesinada; el más reciente es proveniente de la Reserva de Río Blanco, en la ciudad de Manizales, en donde vivió por casi 20 años en cautiverio después de haber nacido en la Reserva La Planada, en el departamento de Nariño, también en cautiverio. Adicionalmente, una hembra de esta especie nos acompaña desde hace 19 años.    

Cuando un animal debe permanecer bajo cuidados humanos debido a limitaciones físicas y comportamentales que imposibiliten que viva en el medio silvestre, ya sea porque fue rescatado de la naturaleza o del tráfico ilegal, o porque nació en cautiverio, adquirimos una responsabilidad con él. Esta responsabilidad se traduce en manejo especializado, el cual involucra tanto atención como generación de condiciones para promover su bienestar.

_MG_9669En Colombia la conservación de los osos de anteojos es una prioridad. Incluso, podríamos afirmar que es una de las especies de nuestro país que más interés despierta en la gente. De hecho, preservarlos ha estado en la agenda del Gobierno desde la presentación del Programa Nacional para la Conservación del Oso Andino en el año 2001, en el cual se recomienda fortalecer el conocimiento y el manejo de las poblaciones de osos mantenidas en zoológicos.

El abrazo del oso

Por Farah Ajami, Presidenta Asociación Colombiana de Parques Zoológicos, Acuarios y Afines (ACOPAZOA)

IMG-20170803-WA0010 (1)Temple Grandin, científica y defensora del bienestar animal, contaba en uno de sus libros una anécdota sobre un hombre que tenía un león como mascota. Por alguna razón tuvo que enviarlo por avión y a alguien se le ocurrió que el animal iba a estar más cómodo si le ponían una almohada. Resulta que el león se comió la almohada y se murió. Seguramente, quien le dio la almohada actuó de buena fe. El problema es que estaba pensando como persona, no como león.

En un país donde en el 2016 se talaron 44% más árboles que el año anterior, en contravía de los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático, me complace que un ciudadano de a pie se tome el tiempo de abogar por los derechos de un oso de anteojos.

En un país en el que el Gobierno pretende reducir su presupuesto ambiental a más de la mitad para el próximo año, a pesar de los retos que hoy enfrenta en esta materia, también resulta notable que #OsoChucho sea tendencia en Twitter.

Podríamos decir que todos, absolutamente todos, incluyendo el que interpuso el hábeas corpus, el magistrado de la Corte Suprema de Justicia que lo concedió, y los activistas de sofá, actuaron de buena fe.

También podríamos intentar decir la verdad sobre el oso, sin pretensiones de ser absolutos, pero sí con un sentido de responsabilidad hacia este animal y hacia los derechos de los animales.

El oso no puede irse, porque nació en cautiverio, creció en cautiverio y deberá permanecer en cautiverio, por su bienestar. El hecho de que haya nacido y vivido en una reserva no significa que nació en su medio natural. Por el contrario, siempre ha estado bajo el cuidado de personas y siempre ha dependido de éstas para sobrevivir.

El oso no puede irse, porque los animales que nacen en cautiverio o han vivido mucho tiempo entre nosotros tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir por sí solos. Si lo devolvemos al lugar donde nació, tendría que vivir en cautiverio, y si regresa al lugar donde vivió la mayor parte de su vida, también.

El oso no puede irse, y si se queda no se va a morir de calor. No es verdad que los osos no pueden vivir al nivel del mar. La distribución de la especie va desde los 0 hasta los 4000 metros.

El oso no puede irse, porque está mejor en el Zoológico de Barranquilla. Hemos albergado osos de anteojos por más de cuarenta años y sabemos cómo cuidarlos. Está en compañía de una hembra de edad similar. Y, como embajador de su especie, nos permite reforzar las labores de educación para la conservación que realiza el Zoológico.

El oso no puede irse, así a usted no le gusten los zoológicos. Por su culpa, por mi culpa y por nuestra gran culpa los zoológicos son necesarios en un planeta en el que los animales deben vivir fuera de su medio natural, debido al actuar de nosotros, los humanos.

El oso no puede irse, porque, por querer protegerlo, vamos a terminar lastimándolo, como le pasó al león.

Recorrido ambiental en épocas de posconflicto

Por: María Clara Valencia*

Imagen tomada del Portal UTB.

Imagen tomada del Portal UTB.

En tiempos en el que algunas armas empiezan a callar y el territorio a despejarse, el medio ambiente se abre paso como protagonista. Este fue el tema central que discutimos los 50 periodistas y estudiantes de periodismo del Caribe colombiano que nos reunimos el 11 de febrero en el V seminario de periodismo ambiental del zoológico de Barranquilla. En un país megadiverso la disminución del conflicto armado representa enormes oportunidades, pero también amenazas.

Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Ambiente ha estado alertando el hecho de que en Colombia “estamos acabando no solo con especies sino con ecosistemas enteros” debido a que tenemos autoridades débiles y políticas agrarias, mineras, urbanas y energéticas que no tienen en cuenta lo ambiental. Eso, en momentos en que el país se vuelve atractivo para la inversión extranjera resulta muy peligroso. Ahí se necesita el ojo de los periodistas.

El escenario del posconflicto nos enfrenta al dilema de la conservación frente al desarrollo. Colombia, que según el Fondo Monetario Internacional (FMI) es el segundo país con mayor crecimiento en Latinoamérica, tiene a cuestas el compromiso realizado en la cumbre del clima de París de hacer un desarrollo bajo en carbono, con metas comprobables al 2030.

Es necesario hacerle seguimiento a ese compromiso y en pequeña escala se pueden mirar casos que lo podrían poner en riesgo como el de la bahía de Cispatá (Córdoba), donde los mangles mejor conservados del país están amenazados por el proyecto de un puerto de Graneles. La conservación de bosques como el de manglar es clave dentro del compromiso de París, pero solo se salvarán esas barreras naturales que protegen contra la erosión costera y garantizan la alimentación de la gente de San Antero si las autoridades tienen encima los ojos de los periodistas.

Al reto del desarrollo sostenible se antepone también uno de los grandes enemigos de la conservación: la pobreza. Colombia es el cuarto país más desigual del mundo. Según el Banco Mundial, solo la superan Sudáfrica, Honduras y Haití. De manera que el medio ambiente en relación con el posconflicto también nos debe poner a pensar la reconstrucción social del país y en la mejora de la calidad de vida, principalmente en el campo. Tal como lo indica Brigitte Baptiste, directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, debemos lograr un desarrollo rural integrado en el que la sustitución de cultivos, por ejemplo, se haga con criterios ambientales y sostenibles.

Asimismo, la calidad de vida y el desarrollo rural, centrales en el acuerdo de paz, ponen en primer plano al agua porque hoy muchos pobladores de la Guajira, por ejemplo, y también de Montes de María (donde están enfrentando conflictos por la expansión de cultivos de palma) se preguntan si será posible la paz si la gente no tiene agua y de calidad. Muchas páginas, horas de radio y de televisión pueden y deben escribirse sobre el tema.

Los retos del posconflicto son muchos, pero no quiero terminar este artículo sin mencionar al turismo, ya que Colombia fue declarado el segundo mejor destino turístico del mundo para el 2017, según la publicación de viajes Lonely Planet. Bien manejada, esta industria puede ayudarnos a ser conscientes de las riquezas que tenemos y a cuidarlas, pero si seguimos permitiendo que la informalidad crezca estaremos condenados a arruinar este destino en muy poco tiempo. La ONU declaró el 2017 el año del turismo sostenible ¿Colombia estará a la altura de ese desafío?

*Conferencista invitada al V Seminario de Periodismo Ambiental de la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla, autora de la guía periodística ‘Agenda Verde’, profesora de periodismo en la Universidad Tecnológica de Bolívar y directora del semillero de comunicación ambiental ‘Yuca Pelá’.

¿Los animales del Zoo están flacos?

Por Mónica Franco Gutiérrez
       Coordinadora de Salud Animal
       Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla
       m.franco@zoobaq.org

       Gabriel Rodrigues Werneck
       Coordinador de Nutrición Animal
       Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla
       g.rodrigues@zoobaq.org

Ésta es una de las preguntas más realizadas por los visitantes de zoológicos ya que muchos tienen opiniones divididas con respecto a si un animal está delgado o con sobrepeso, es frecuente pensar que un animal pasado de kilos es saludable. ¿Será entonces que los animales deberían ser iguales a los de la imagen?

En realidad, el buen peso de un animal se ubica en un punto medio entre delgado y obeso, para llegar ahí, es importante tener en cuenta que la condición corporal ideal de los animales en zoológicos o parques debe ser semejante a la misma que su especie tiene en vida silvestre, por ejemplo, los félidos deben ser delgados y musculosos, con hombros, abdomen y patas traseras bien definidas, así como este macho de tigre que habita en el Zoológico de Barranquilla.

Mantener la condición física correcta requiere mucho trabajo y monitoreo, debido a que en vida silvestre los animales cuentan con una rutina muy distinta: cada día enfrentan múltiples desafíos: cazar para comer, defender su territorio, superar la competencia con otros animales y escapar de predadores, entre otros. En los zoológicos siempre hay comida disponible y no hay amenazas, lo que facilita que puedan ganar un poco de peso, debido a esto, la forma de promover el ejercicio en ellos es el entrenamiento animal o modificar el ambiente de manera que mantengan sus comportamientos naturales (enriquecimiento ambiental). Por ejemplo, aunque Lionel Messi y tú sean de la misma especie, no podrían tener la misma dieta y mantener su peso, ya que él cuenta con programas de ejercicio mucho más intensos, con respecto al promedio de la población, entonces necesita una dieta más energética.

Por eso los profesionales del Zoo controlan muy bien la alimentación ofrecida a estos animales, a partir de evaluaciones a cada uno y estudios sobre su especie en vida silvestre y en otros zoológicos; en caso de observarse cambios, como delgadez o sobrepeso, las dietas son modificadas para garantizar el bienestar de los animales. Generalmente, la condición corporal es medida en una escala de cinco puntos, siendo 1 muy delgado y 5 obeso, como lo muestra la siguiente imagen:

muchos

negraPara poder establecer a qué puntaje corresponde el animal al que se está evaluando se observan áreas de importancia como: cuello hombros, columna, costillas, cintura, abdomen y cadera, en el caso de los mamíferos. De acuerdo con esta escala, la jaguar negra (Panthera esquemaonca) que habita en el Zoo obtuvo un puntaje de cinco, lo que la sitúa como obesa; a partir de ahí iniciamos un proceso de disminución de la cantidad de alimento ofrecida, buscando que a largo plazo presente pérdida de peso. En estos casos el animal sigue comiendo en la misma frecuencia, lo que cambia es la cantidad y, ocasionalmente, el tipo de dieta ofrecida.

En el caso de aves y reptiles no existen escalas determinadas, en ellos, la condición corporal es estimada evaluando la parte del cuerpo en la que almacenan energía. Por ejemplo, en las aves se determina al palpar la pechuga (en azul en el dibujo), al hacerlo deben sentirse los muslos y el hueso; si se sienten mucho los muslos, está gorda; si esto pasa con los huesos, está delgada.

Por su parte, reptiles como las tortugas tienen un examen distinto; si el animal no logra entrar por completo en su caparazón, está obeso; si los miembros son muy delgados, puede estar muy flaco. Caimanes y lagartos almacenan su grasa en la base de la cola, entonces una cola muy gruesa representa un animal obeso y viceversa.

Lograr una óptima condición corporal es esencial para la calidad de vida de los animales; muy en contra del pensamiento general, los animales obesos no están sanos, ya que esta situación puede llevar a grandes problemas de salud que pongan en riesgo su vida, como por ejemplo, las enfermedades del corazón.

Debido a esto, trabajamos constantemente en mantener a los animales en una condición corporal ideal según su especie, adicionalmente, en el marco de nuestro programa de medicina preventiva, siempre monitoreamos el estado general de los animales con el fin de promover un adecuado estado de salud para todos.

Mejorar el bienestar de los animales es posible

Por Oscar Medina Barrios

Coordinador de Cuidado Animal

Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla

o.medina@zoobaq.org

 

dsc09802De vez en cuando todos necesitamos salir de la rutina para motivarnos y lograr que cada día sea un poco más entretenido que el anterior, esto también aplica para los animales; con ellos, por medio de nuevos olores, estructuras y objetos en los distintos hábitats, estimulamos conductas propias de todas las especies, a través de un proceso conocido como enriquecimiento ambiental.

Esta actividad es fundamental en animales bajo cuidado humano ya que los motiva a que continúen desarrollando frecuentemente sus aptitudes naturales. Por ejemplo, los félidos pueden encontrar su comida colgada en altas ramas, haciendo que trepen para obtenerla; los primates, por su parte, estimulan su curiosidad buscando frutas y cacahuates entre pilas de pasto seco o heno; mientras que la osa descubre trozos de fruta en grandes cubos de hielo que debe romper con sus fuertes garras; o los papiones se refrescan con helados gigantes en temporadas de calor.

Todo esto hace parte de un programa orientado aincrementar el bienestar animal, que no es más que la capacidad que tienen las especies para hacer frente a las condiciones ambientales en las que viven, con el fin de lograr altos estándares en su calidad de vida.

¿Cómo saber si hay bienestar? 

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Si el animal se ve y está sano, cómodo, bien alimentado, seguro y es capaz de expresar sus comportamientos naturales, podemos hablar de bienestar animal. Para conseguirlo se requiere de la prevención de enfermedades y el tratamiento de éstas por medio del equipo veterinario, de refugios apropiados y un manejo biológico, nutricional y humano pertinente.

Es decir, el bienestar animal refleja el estado de cada uno en todos sus aspectos posibles: físico, fisiológico, psicológico y del ambiente que lo rodea; siendo el enriquecimiento ambiental una de las formas de hacer posible esta condición.

Particularmente, en el Zoológico de Barranquilla implementamos cinco tipos de enriquecimiento, que pueden ser efectuados de manera individual o conjunta; estos son: enriquecimiento social, cognitivo, físico, sensorial y alimenticio.

dsc00679El primero de ellos se refiere a las actividades que se realizan con varios animales de la misma o distintas especies en las que no existe agresión, por ejemplo, las interacciones que ocurren dentro de un grupo de tortugas, flamencos y patos silvestres en sus áreas de alimentación.

El enriquecimiento cognitivo promueve la estimulación mental por medio de actividades tipo rompecabezas, alimentos poco frecuentes, objetos y/u olores poco comunes o sesiones de entrenamiento, por ejemplo, cacahuates dentro de hielo o prácticas en las que se condiciona o enseña al elefante a alzar una de sus patas para control médico veterinario.

El enriquecimiento físico, como cambiar o remover tierra, hacer refugios llamativos o modificar las condiciones ambientales, comprende éstas y otras actividades que se cambian y alternan con cierta frecuencia para evitar la habituación; el sensorial promueve comportamientos en los que se deban usar los sentidos, por ejemplo, el uso de aromas alusivos a una presa (orina, heces, pelo) dentro del recinto de un animal predador y viceversa.

Finalmente, el enriquecimiento alimenticio es el más utilizado debido a la positiva respuesta de las especies. En estas actividades, se pueden combinar tanto la presentación como los diferentes alimentos que se ofrecen, por ejemplo, trozos de fruta dentro de gelatina sin sabor.

Realizados de forma independiente o combinada, todos estos tipos de enriquecimiento ambiental pueden ser entendidos como componentes importantes del bienestar animal, al brindar a las especies que habitan en el Zoo momentos óptimos para el estímulo y desarrollo de sus habilidades naturales.

La próxima vez que nos visites, no olvides estar atento a los avisos que anuncian la siguiente jornada de Descubre tu Zoo, ¡así podrás ser testigo de uno de los momentos favoritos de los animales!

¿A los animales les da cáncer?

Por Henrique Guimarães Riva
Jefe del Departamento de Veterinaria
Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla
h.guimaraes@zoobaq.org

Sólo en 2012, 8.2 millones de muertes de personas en el mundo fueron atribuidas al cáncer [1], cifra cercana a  la población de Bogotá [2]; esto, además de evidenciar el alto impacto de la enfermedad en el número de muertes mundiales, siendo una de sus principales causas, también, expone su alarmante incremento en la cantidad de personas afectadas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho, los datos lo confirman, ya que entre 2000 y 2008 el aumento fue de 1,2 millones de muertes [3], siendo éste un número similar a la población total de Barranquilla [4].

¿Es el cáncer un problema exclusivo de las personas?

Las investigaciones y la rutina veterinaria muestran lo contrario. Incluso, en algunas especies, esta enfermedad ocasiona muertes en tasas tan o más altas que en los humanos, lo que la convierte en una gran amenaza para los animales.

Tortuga marina con fibropapilomatosis. Se pueden observar nódulos incluso cerca del ojo.

Tortuga marina con fibropapilomatosis. Se pueden observar nódulos incluso cerca del ojo.

Un gran ejemplo son las tortugas marinas y la fibropapilomatosis, un tipo de cáncer que provoca nódulos en varias partes de la piel del animal. Estos tumores pueden llegar a ser tan grandes que obstruyen la visión, impiden que coman o dificultan que naden para escapar de depredadores.

El número de nódulos en estos animales es tan alto, que puede llegar a 70. ¿Imaginas la vida con cerca de 70 tumores en la piel?

La especie más afectada es la tortuga verde (Chelonia mydas). En Florida (Estados Unidos), de 1980 a 2005, el 22% de la especie presentó esta clase de cáncer, en otras palabras, para ellas esta enfermedad es tan común como lo son las enfermedades cardiovasculares en los humanos.

La buena noticia es que 9 de cada 10 animales bajo cuidados humanos mejora después de la cirugía en la que los tumores son retirados.

¿Qué causa el cáncer?

Así como en los humanos, varias investigaciones han asociado muchos tipos de cánceres en animales a químicos tóxicos u otras sustancias carcinogénicas [5]. Estas sustancias son factores externos en combinación con factores genéticos heredados que causan el cáncer [6].

Dichas sustancias pueden provenir de la polución de las industrias, pesticidas manejados en las fincas, productos químicos domésticos, cosméticos, drogas, mala alimentación y muchos otros. Estos químicos, además de perjudicar nuestra salud, pueden terminar en el desagüe, contaminando ríos y océanos.

Para entender mejor la causa del cáncer es necesario hablar del ADN, una especie de receta genética que determina, por ejemplo, si el color de tu cabello será negro o rubio. Este código es muy extenso, tanto que una sola célula contiene 3.200 millones de letras en información genética, las suficientes para escribir la biblia casi mil veces. Cada vez que una célula se multiplica, esta información es copiada, y al ser tan larga es posible que se presenten errores que, a su vez, pueden ser el origen de muchos problemas en el cuerpo (humano o animal), entre ellos, el cáncer.

El cuerpo tiene mecanismos de defensa para impedir que estos errores generen complicaciones, sin embargo, la mayoría de las sustancias carcinogénicas actúa de forma tóxica a las células con las que tiene contacto, provocando graves alteraciones en el ADN y debilidad en el sistema inmune, encargado de defender el cuerpo de amenazas.

Es lo que pasa por ejemplo con el cigarrillo: el ataque constante de las sustancias químicas en su composición a las células de la boca, pulmones o esófago, causa que el ADN de determinadas células se modifique, aumentando el número de errores en esta receta genética. Estas modificaciones debilitan las células y el sistema inmune, lo que hace que el organismo no pueda defenderse cuando surgen células que se multiplican sin control, permitiendo la formación del cáncer.

Un ejemplo en animales es el caso de las ballenas belugas (Delphinapterus leucas) del Río San Lorenzo [7]; en quince años de estudios, el 18% de sus  muertes fue atribuido a diferentes tipos de cáncer. La hipótesis de los científicos es que la enfermedad fue generada por las altas tasas de productos químicos que se encuentran en el Río, tantos que las autoridades ambientales de Nueva York recomiendan a los pescadores no consumir diversas especies de pescado que allí se dan.

¡La buena noticia es que puedes ayudar! Desarrollar una visión más sostenible del ambiente, consumir cada vez más productos orgánicos y ser más conscientes de nuestro paso por el planeta puede disminuir el impacto en las especies que componen los ecosistemas.

¿Y qué pasa en los zoológicos?

Al contar con una alimentación balanceada, cuidados médicos y no estar rodeados de depredadores, las especies que habitan en zoológicos tienen altas expectativas de vida, en comparación con las que se encuentran en vida silvestre. Por ejemplo, los jaguares tienen un promedio de vida de 12 años en su hábitat natural y 20 bajo cuidados humanos.

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Puntualmente, en 1994, el Zoológico de Barranquilla recibió un jaguar macho [8] con aproximadamente dos años. Por dos décadas, fue un embajador para la conservación de la naturaleza e inspiró la educación ambiental en nuestro Zoo. Incluso, en  las Zoo Elecciones de 2006, fue elegido por los niños como Presidente de este centro de conservación.

No obstante, en los últimos años, debido a su avanzada edad, desarrolló problemas en varias partes del cuerpo y, finalmente, un linfoma con metástasis en hígado que ocasionó su muerte. El linfoma es un cáncer, también presente en humanos, que afecta las células involucradas en la defensa del cuerpo contra las enfermedades que puedan atacarlo (sistema linfático).

En conclusión, tanto humanos como animales son susceptibles al cáncer, tanto los que están bajo cuidado humano como los que se encuentran en vida silvestre. Nuestra huella ecológica tiene todo que ver con eso cuando pensamos en la contaminación de los ríos, mares, tierra y aire como consecuencia de la creación y uso de nuevas tecnologías y productos.

¿Quieres saber más? Visita:
–   www.livescience.com/9680-cancer-kills-wild-animals.html
www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/13037/title/Is-Pollution-Causing-Cancer-in-Beluga-Whales-/
–   www.who.int/mediacentre/news/releases/2003/pr27/en/

[1] Últimos datos reportados por la OMS.

[2] Capital de Colombia.

[3] Muertes registradas en el año 2000: 6.7 millones – Muertes registradas en 2008: 7.9 millones.

[4] Población reportada hasta 2016: 1.223.967 habitantes.

[5] Nombre otorgado a los agentes que pueden causar cáncer.

[6] De acuerdo con la OMS (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs297/es/), los agentes externos conocidos son: carcinógenos físicos, como las radiaciones ultravioleta e ionizantes; carcinógenos químicos, como los asbestos, los componentes del humo de tabaco, las aflatoxinas (contaminantes de los alimentos) o el arsénico (contaminante del agua de bebida); y carcinógenos biológicos, como las infecciones causadas por determinados virus, bacterias o parásitos.

[7] El Río San Lorenzo es uno de los principales ríos de Norteamérica, en su primer tramo forma la frontera natural entre Estados Unidos y Canadá.

[8] Nombre científico: Panthera onca.

La innovación como proceso transformador

Por Alan Abello Camargo
Gestor de Planeación y Control
Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla
a.abello@zoobaq.org / sostenibilidad@zoobaq.org

Exhibición en la que se encuentra ubicada la serpiente Toche (Spilotes pullatus).

Exhibición en la que se encuentra ubicada la serpiente Toche

Desde hace ya varias semanas, dentro de las exhibiciones de la serpiente toche y los lobos polleros del Zoológico de Barranquilla se encuentra en marcha un sistema de monitoreo inalámbrico que permite conocer en tiempo real los niveles de ciertas variables medioambientales de dichas áreas, como la temperatura, la humedad relativa y los rayos UV, con el objetivo de controlarlas y ser una herramienta útil para promover el bienestar animal.

Este proyecto fue realizado en el marco del programa Alianzas para la Innovación – Región Caribe, apoyado por Colciencias, Confecámaras y las distintas Cámaras de Comercio regionales, que busca asignar recursos de cofinanciación en la implementación de proyectos de innovación incremental.

De las 33 propuestas recibidas en la convocatoria llevada a cabo en la capital del Atlántico, la presentada por la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla fue una de las tres seleccionadas para su ejecución entre los meses de mayo y junio de 2016, para ello fueron tenidos en cuenta criterios como innovación, desarrollo tecnológico, competitividad y coherencia de la propuesta.

El proyecto fue desarrollado en tres etapas: la primera, la adquisición y procesamiento de los componentes físicos, posteriormente, la etapa de transmisión y recepción en la que se verificó la efectiva recolección de datos, y, finalmente, la de visualización y almacenamiento de la información a través del software desarrollado: Zoomonitoring, que puede ser ejecutado en celulares o tabletas gracias a la versión Android elaborada.

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Al fondo puede observarse el dispositivo de medición.

Durante su ejecución, contamos con el apoyo del grupo de investigación del programa de Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad Autónoma del Caribe, que aportó su conocimiento en el desarrollo de sistemas de monitoreo inalámbrico.

Éste es un claro ejemplo del denominado Triángulo de Sábato, el cual postula que para que haya realmente un desarrollo científico y tecnológico es necesario que el Estado (a través del diseño y fomento de iniciativas) la academia (por medio de su experticia teórica/práctica) y las empresas (mediante su conocimiento del sector), estén engranadas para trabajar conjuntamente, ya que si una de estas falla, el desarrollo de propuestas innovadoras será menor o, incluso, inexistente.

Nuestro siguiente objetivo es obtener financiación para un sistema de monitoreo integral que abarque más áreas dentro del Zoológico de Barranquilla, entre las cuales ya se han identificado las exhibiciones de Titíes, Herpetario, Aviario y Cueva Nocturna, al igual que otras zonas como la clínica y el área de cuarentena, siendo espacios idóneos para continuar con esta implementación.

Desde la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla seguiremos trabajando en desarrollar e implementar más proyectos con componentes de innovación, como parte de nuestra estrategia para crecer institucionalmente y ser un referente en nuestro sector.

Si quieres saber más sobre la innovación como estrategia de crecimiento y desarrollo empresarial, ingresa a http://pactosporlainnovacion.colciencias.gov.co/

De los leones chilenos y del por qué los zoos y acuarios existimos

Por: Farah Ajami Peralta, Directora Ejecutiva de la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla / Presidenta de la Asociación Colombiana de Parques Zoológicos y Acuarios (ACOPAZOA)DSC00136

Quiero contarles sobre un incidente que sucedió el pasado sábado 21 de mayo de 2016 en un zoológico latinoamericano, que pudo ser el Zoológico de Barranquilla. Una persona, quien presuntamente padece un trastorno mental, forzó su entrada al hábitat de los leones en el Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago de Chile, y, para salvarle la vida, dos de los tres felinos que vivían en este lugar tuvieron que ser sacrificados por el equipo de colaboradores del zoológico, dispuesto para atender estas emergencias.

A raíz de esta noticia, un aguacero de críticas ha caído sin parar sobre el zoológico, su personal, su seguridad, su decisión y, también, inevitablemente, sobre la comunidad mundial de zoológicos y acuarios.

El Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago de Chile hizo lo correcto. Si algo tan desafortunado hubiera sucedido en el Zoológico de Barranquilla, hubiéramos hecho lo mismo. Justo ayer leía un tuit que escribió un seguidor de nuestro zoológico, que decía: “Si en Barranquilla alguien intenta suicidarse en nuestro zoo, no maten a nuestros animalitos. Aquí los queremos.” A este seguidor y a todos ustedes puedo asegurarles que allá también querían a esa pareja de leones y que evitaron sacrificarlos a toda costa, pero al final debieron seguir los protocolos de seguridad establecidos para este tipo de emergencias. En Colombia, la Constitución Política reconoce expresamente el derecho inviolable a la vida humana, lo cual implica que ésta debe protegerse por encima de la vida animal (no humana).

También puedo asegurarles, porque lo sé de primera mano, que los trabajadores de ese zoológico están devastados por la pérdida de dos miembros de su familia. No sé si saben, pero uno de los animales había sido rescatado de un circo y los dos leones habían sobrepasado el límite de edad estimado para estos animales bajo cuidados humanos, lo que demuestra claramente su estado de salud y bienestar.

La reflexión de esta persona, así como los miles de comentarios, algunos bien intencionados pero equivocados, otros no tan bien intencionados, revelan un profundo desconocimiento sobre nuestro rol, y cerrar esa brecha es parte de la razón por la que los zoológicos y acuarios existimos, y por la que el Zoológico de Barranquilla lleva más de sesenta años inmerso en la ciudad, y en el imaginario de niños y adultos.

Los mal llamados ‘animalistas’ y movimientos anti zoológicos no justifican nuestra existencia, pero cuando se les pregunta qué harían con los 100 animales en promedio que decomisan las autoridades ambientales diariamente en Colombia, víctimas del tráfico ilegal, y contestan de manera inconsciente que la solución es liberarlos, aquéllos que trabajamos en organizaciones de conservación como ésta y como el Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago en Chile, no podemos evitar sentir una mezcla de rabia, impotencia y resignación, y los más osados les respondemos que no saben de lo que están hablando, porque un animal silvestre que ha sido extraído de su medio natural no puede ser devuelto a éste, porque muy probablemente moriría.

Los animales candidatos a rehabilitación y liberación, después de ser víctimas del tráfico ilegal, se constituyen en una pequeñísima minoría. Justo ayer dejaron en la puerta de nuestro zoológico a dos tortugas y a un coatí moribundo. El mejor destino que podrían enfrentar estos tres personajes, si es que logran recuperarse, es ser embajadores de su especie, y así concientizar y sensibilizar a nuestros visitantes sobre la importancia de la naturaleza. También podríamos liberarlos y conducirlos a una muerte casi segura, o, por qué no, sacrificarlos, ya que, después de todo, alguien los despojó de su derecho a vivir cuando los sacó de su hábitat natural, y, según algunos, los zoológicos, su único destino posible, no deberían existir. Entonces, que me digan estos mal llamados defensores de la naturaleza qué se debe hacer con ellos.

DSC08972Los zoos y acuarios recibimos más de 700 millones de visitantes al año y este poder de convocatoria nos da una enorme oportunidad para inspirar actitudes en la comunidad a favor de la biodiversidad. Estamos hablando de que más del 10% de la población mundial nos ha visitado alguna vez y ha tenido un encuentro cercano con la fauna silvestre, quizás el único, en un mundo rápidamente urbanizado, en el que los humanos incidimos directamente en más del 80% de la superficie de la tierra.

No siempre fue así, pero hoy podemos decir que hemos experimentado cambios significativos en la manera como mantenemos y cuidamos a los animales, en los mensajes que comunicamos, y en los esfuerzos que realizamos a nivel de construcción de capacidades, investigación y conservación de la biodiversidad.

Cuando organizaciones zoológicas y de conservación se unen con la academia, con el gobierno y con la comunidad organizada, el alcance que tenemos es exponencial. Juntos nos convertimos en una ventana de conocimiento hacia el mundo natural, que contribuye a generar en nuestros visitantes y demás audiencias actitudes y comportamientos positivos hacia el resto de la naturaleza, para beneficio de ambos.

La manera como la mayoría de nuestros visitantes nos perciben, cuando se les pregunta por qué vienen al zoológico, y responden “a ver animales”, se queda corta en revelar, por ejemplo, que zoológicos como el de Barranquilla cuentan con un portafolio de experiencias educativas, diseñado cuidadosamente desde la demanda, es decir, desde las necesidades de los maestros y los niños, y a partir de los lineamientos que el Ministerio de Educación Nacional ha establecido para las competencias científicas, en primer lugar, y también para áreas como lenguaje, matemáticas y ciudadanía. Sí, ¡en el zoo los niños también aprenden de matemáticas!

DSC08920Mucho se ha hablado y muy poco se ha investigado sobre el impacto que tienen los zoológicos, acuarios y otros escenarios de educación informal, como los jardines botánicos, centros interactivos de ciencia y tecnología, museos, planetarios, entre otros, en el aprendizaje.

Quiero decirles que la sensación de maravilla de los niños, y también de algunos adultos, cada vez que salgo de mi oficina a hacer un recorrido, es un maravilloso indicador. También lo son los resultados de las evaluaciones que conducimos rigurosamente sobre el impacto de nuestros programas, proyectos y actividades educativas. Y si quieren más evidencia, uno de nuestros voluntarios es hoy el Jefe de Biología y Conservación de nuestra organización, A los 16 años se paseaba por los senderos del zoo con un carrito lleno de plumas, huevos y cráneos, explicándoles a los visitantes sobre la importancia de los animales, y hoy, exactamente 16 años después, lidera nuestras iniciativas de bienestar animal y conservación.

Cada vez que tengo un mal día, un amigo siempre me recuerda que no podemos salvarlos a todos, y lamentablemente eso es cierto. Esta frase también aplica para nosotros, los zoos y acuarios. Pero tengo la certeza de que juntos podemos salvar a unos pocos más. Y por salvar me refiero a hacer la diferencia en las mentes y corazones de los niños, niñas y adultos que tenemos la oportunidad de inspirar.

En nombre de los zoos y acuarios latinoamericanos miembros de la comunidad ALPZA, porque sé que todos sentimos lo mismo, acompaño públicamente a nuestros amigos del Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago de Chile en este difícil momento, los felicito por haber hecho lo correcto y espero que la persona que originó este incidente se recupere pronto.

Medio ambiente, ciencia e imaginación

Por Ángela Posada-Swafford*

angela posada

Imagen tomada de eje21.com.co

Los retos de cubrir los problemas ambientales son hoy mayores que hace un par de décadas, por varias razones.  Antes, el cubrimiento giraba alrededor de cosas obvias, visibles, orillas de ríos cubiertos de pintura, o materiales producto del desperdicio humano. Los temas en los 80 tenían que ver con grandes e icónicos desastres ambientales: Love Canal, Bhopal, Chernobyl, Three Mile Island, el Exxon Valdez.

Pero ahora, la naturaleza de las noticias ambientales puede ser profundamente diferente, haciendo que lo que antes era un reto, ahora sea aún más difícil de transmitir apropiadamente a los lectores. Los temas son menos obvios, y fenómenos como el calentamiento global o la acidificación de los mares son invisibles. Cubrir el medio ambiente apropiadamente no solo significa hacerlo con exactitud. Una montaña de datos puede estar correcta pero aun así transmitir malamente la importancia o urgencia de una situación. Allí, entonces, está la otra capa de responsabilidad –y dificultad– de un periodista ambiental.

Ese periodista tiene que desarrollar el instinto que solo se adquiere cuando se ha pasado un buen tiempo en el campo del periodismo medioambiental y de ciencia. Dicen que “no hay tal cosa como un almuerzo gratuito en Nueva York”. De la misma manera, un periodista que cubre la compleja ciencia del medio ambiente no puede esperar aprenderla de la noche a la mañana.

Uno de mis consejos más fervientes es acogerse a las asociaciones profesionales de periodismo científico y ambiental: Society of Environmental Journalists, por ejemplo, acepta miembros internacionales y les da un valioso apoyo en todo sentido.

La cuestión con el periodismo ambiental es que es una historia continua. Es decir, la noticia en general es casi siempre algo que sucede hoy. Una guerra comienza. Hay un terremoto. En cambio los grandes temas ambientales de este siglo tienen que ver con fenómenos que son complicados, difusos y mal entendidos. Los vertidos que se filtran a la tierra provenientes de parqueaderos, estaciones de gasolina y garajes colocan en los ecosistemas el equivalente a 1.5 cargas de petróleo del Exxon Valdez cada año. Pero trate usted de poner una buena foto de eso, o lograr que el editor de la portada de un periódico le preste atención o entienda las implicaciones.

De todas las historias sobre el medio ambiente en estos días, ninguna es tan importante e invisible que el cambio climático/calentamiento global. Muchos expertos dicen que será el problema ecológico que defina esta y las próximas generaciones, y que las acciones que tomemos o no tomemos ahora marcarán nuestro futuro. En la ciencia, los avances suceden de forma incremental. Poco a poco. Pero esa palabra “incremental”, es la muerte de un artículo noticioso, porque va en contra de todo lo que es un diario, un mundo donde se quiere anunciar una “verdad” absoluta e inmediata. “Hallada cura contra el cáncer de piel”, es el titular soñado por un editor, mientras que para un investigador, “Hallan una posible explicación sobre el mecanismo que hace a la piel tan vulnerable al sol, y al cáncer”, es el titular correcto.

La incertidumbre no es señal de mala ciencia. Es la forma en que funciona la ciencia. Pero los editores y reporteros a veces sucumben a la tentación de darle realce a la faceta más jugosa –y probablemente la menos sólida- de un desarrollo ambiental, especialmente al final de la tarde, cuando todo el mundo en la redacción de un periódico está pensando en entregar sus artículos. Y esto es un mal servicio a la sociedad a la que servimos los periodistas. Porque es justamente lo que ocasiona que la gente se confunda y que en su mente vean con cinismo el valor de los medios de comunicación, especialmente cuando, un mes después, la noticia viene con significado contrario.

Que la noticia esté bien por un día, es algo que está OK en una sala de redacción. Yo no estoy de acuerdo. Creo que el reportero debe poder juzgar cuando hay que apagar el instinto noticioso de la primera página, o que en lugar de 800 palabras merece 300, y más bien esperar avances en las investigaciones que lo solidifiquen o desmientan.

Otra cosa, es la que llamamos “la tiranía del equilibrio”. Desde hace siglos los periodistas confían en el método de citar un lado de un tema, con su lado opuesto. Los que dicen que sí y los que dicen que no. Algo así como una antimateria permanente. Es una forma rápida y fácil para demostrar que el reportero no está sesgado. Pero cuando se tiene entre manos un tema ambiental complicado, también es una forma de perpetuar la confusión en las mentes de los lectores, y de subrayar los dos polos de un tema que está más bien lleno de grises en la mitad, y que es más bien donde está el consenso general.

Una solución, que no es muy fácil, es cultivar científicos a ambos lados del debate (toxicología, climatología, etc.), cuya experiencia y no involucramiento en el tema sean obvios para el periodista. Ellos deberían serlas voces a las cuales acudir a la hora de una cita textual sólida.

Es importante para el reportero estar alerta acerca de las motivaciones que pueda tener su fuente. Si un científico, además de sus doctorados, también es miembro de grupos de abogacía sobre un tema X, es responsabilidad del reportero de hacerlo saber en la nota.

Quizás uno de los retos más difíciles en el cubrimiento ambiental es hallar la forma apropiada de garantizar un equilibrio entre el poderoso contenido emocional de un tema, y la ciencia sólida/estadísticas. Por ejemplo, considere una noticia acerca de un lugar donde se hayan registrado altas tasas de cáncer en los niños. El reportero tiende naturalmente a concentrarse en la parte trágica de las madres, y no hay forma de que el lector termine de leer sin quedar convencido de que hay algo en el agua o lo que sea, que ha contaminado a las víctimas.  ¿Qué tan sólida es la evidencia científica? ¿Es responsable saltar a conclusiones?

Lo único que yo pido es que el reportero entienda, y transmita a su audiencia, que el conocimiento científico es tentativo, que va paso a paso, que no es blanco y negro.

La forma de comenzar a entrenarse y evitar muchos pasos en falso en el cubrimiento de los temas ambientales (y por ende, científicos, pues el medio ambiente ES ciencia) es comunicarse más con los científicos. Entendiendo mejor cómo son los ritmos propios de la investigación, los hallazgos y las retracciones, el reportero recordará que el estado de conocimiento de las mil variables del cambio climático, o las sustancias que dañan el sistema endocrino, por ejemplo, está en constante flujo de ires y venires. Para esto hay que darse el lujo –y el trabajo- de usar algunos días calmados simplemente conversando con toxicólogos, ecólogos, químicos atmosféricos, etc., que no están bajo la luz pública porque no acaban de aparecer en los boletines de prensa de las universidades.

Entre más científicos con los cuales el reportero pueda conversar fuera de las presiones del trabajo diario de reportería, más podrá comenzar a explicarle a la gente lo que la ciencia puede y no puede ofrecer al debate de temas difíciles. Y más podrá cambiar la imagen negativa que los investigadores tienden a tener de los medios.

Hasta ahí, la mitad de la película

La otra mitad tiene que ver con la diferencia entre el reportaje ambiental, y la escritura de naturaleza. Mientras el primero está preocupado por contar la parte noticiosa y el entrelazamiento de las batallas políticas, económicas y ambientales, quienes escriben sobre naturaleza lo usan como una invitación a la meditación. De una idea abstracta (extinción de especies, calentamiento global, la biología de la muerte, la mente de un mono), surge una crónica de observación que le da al lector acceso a una idea mayor.

Aquí el reportero usa todas las herramientas de la buena literatura para crear un buen trozo de literatura de no ficción, que puede llegar a quedar grabado con fuego en la mente e imaginación de un lector. El arco narrativo puede ser una expedición, un desastre natural, una peregrinación espiritual, una exploración etnográfica o científica que sirva de marco a preguntas filosóficas de más calibre. Y el truco para un escritor de naturaleza es recordar el cuento, la literatura, la ciencia y las estadísticas, uniéndolo todo con un hilo plateado.

¿Cómo escribir sobre la vida emocional de los animales, las misteriosas cualidades de la nieve, o las creencias religiosas de los Tayrona? ¿Cómo escribimos sobre nacimiento y muerte? ¿Qué tanto nos separa de una bacteria, genéticamente? ¿Cómo es que la composición química de nuestra sangre es exactamente la misma de aquella en los penachos de las lombrices tubulares que viven a 5,000 metros de profundidad en el fondo del mar? Las fronteras que pensamos nos separan de otras criaturas son ilusorias. Todo tiene que ver con contextos, relaciones, interdependencia. Eso es ecología. Y eso, quizás, es más importante que le quede bien claro a un lector, que una noticia pasajera y puntual.

Porque, como dice Barry López en Sueños Árticos, “la tolerancia de misterio da vigor a la imaginación, y la imaginación es la que da forma al universo”.

Ángela Posada-Swafford*: Periodista de temas de ciencia y medio ambiente; autora de la colección de novelas de ciencia y adrenalina para jóvenes Juntos en la Aventura, editada por Planeta Lector.

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