De los leones chilenos y del por qué los zoos y acuarios existimos

Por: Farah Ajami Peralta, Directora Ejecutiva de la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla / Presidenta de la Asociación Colombiana de Parques Zoológicos y Acuarios (ACOPAZOA)DSC00136

Quiero contarles sobre un incidente que sucedió el pasado sábado 21 de mayo de 2016 en un zoológico latinoamericano, que pudo ser el Zoológico de Barranquilla. Una persona, quien presuntamente padece un trastorno mental, forzó su entrada al hábitat de los leones en el Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago de Chile, y, para salvarle la vida, dos de los tres felinos que vivían en este lugar tuvieron que ser sacrificados por el equipo de colaboradores del zoológico, dispuesto para atender estas emergencias.

A raíz de esta noticia, un aguacero de críticas ha caído sin parar sobre el zoológico, su personal, su seguridad, su decisión y, también, inevitablemente, sobre la comunidad mundial de zoológicos y acuarios.

El Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago de Chile hizo lo correcto. Si algo tan desafortunado hubiera sucedido en el Zoológico de Barranquilla, hubiéramos hecho lo mismo. Justo ayer leía un tuit que escribió un seguidor de nuestro zoológico, que decía: “Si en Barranquilla alguien intenta suicidarse en nuestro zoo, no maten a nuestros animalitos. Aquí los queremos.” A este seguidor y a todos ustedes puedo asegurarles que allá también querían a esa pareja de leones y que evitaron sacrificarlos a toda costa, pero al final debieron seguir los protocolos de seguridad establecidos para este tipo de emergencias. En Colombia, la Constitución Política reconoce expresamente el derecho inviolable a la vida humana, lo cual implica que ésta debe protegerse por encima de la vida animal (no humana).

También puedo asegurarles, porque lo sé de primera mano, que los trabajadores de ese zoológico están devastados por la pérdida de dos miembros de su familia. No sé si saben, pero uno de los animales había sido rescatado de un circo y los dos leones habían sobrepasado el límite de edad estimado para estos animales bajo cuidados humanos, lo que demuestra claramente su estado de salud y bienestar.

La reflexión de esta persona, así como los miles de comentarios, algunos bien intencionados pero equivocados, otros no tan bien intencionados, revelan un profundo desconocimiento sobre nuestro rol, y cerrar esa brecha es parte de la razón por la que los zoológicos y acuarios existimos, y por la que el Zoológico de Barranquilla lleva más de sesenta años inmerso en la ciudad, y en el imaginario de niños y adultos.

Los mal llamados ‘animalistas’ y movimientos anti zoológicos no justifican nuestra existencia, pero cuando se les pregunta qué harían con los 100 animales en promedio que decomisan las autoridades ambientales diariamente en Colombia, víctimas del tráfico ilegal, y contestan de manera inconsciente que la solución es liberarlos, aquéllos que trabajamos en organizaciones de conservación como ésta y como el Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago en Chile, no podemos evitar sentir una mezcla de rabia, impotencia y resignación, y los más osados les respondemos que no saben de lo que están hablando, porque un animal silvestre que ha sido extraído de su medio natural no puede ser devuelto a éste, porque muy probablemente moriría.

Los animales candidatos a rehabilitación y liberación, después de ser víctimas del tráfico ilegal, se constituyen en una pequeñísima minoría. Justo ayer dejaron en la puerta de nuestro zoológico a dos tortugas y a un coatí moribundo. El mejor destino que podrían enfrentar estos tres personajes, si es que logran recuperarse, es ser embajadores de su especie, y así concientizar y sensibilizar a nuestros visitantes sobre la importancia de la naturaleza. También podríamos liberarlos y conducirlos a una muerte casi segura, o, por qué no, sacrificarlos, ya que, después de todo, alguien los despojó de su derecho a vivir cuando los sacó de su hábitat natural, y, según algunos, los zoológicos, su único destino posible, no deberían existir. Entonces, que me digan estos mal llamados defensores de la naturaleza qué se debe hacer con ellos.

DSC08972Los zoos y acuarios recibimos más de 700 millones de visitantes al año y este poder de convocatoria nos da una enorme oportunidad para inspirar actitudes en la comunidad a favor de la biodiversidad. Estamos hablando de que más del 10% de la población mundial nos ha visitado alguna vez y ha tenido un encuentro cercano con la fauna silvestre, quizás el único, en un mundo rápidamente urbanizado, en el que los humanos incidimos directamente en más del 80% de la superficie de la tierra.

No siempre fue así, pero hoy podemos decir que hemos experimentado cambios significativos en la manera como mantenemos y cuidamos a los animales, en los mensajes que comunicamos, y en los esfuerzos que realizamos a nivel de construcción de capacidades, investigación y conservación de la biodiversidad.

Cuando organizaciones zoológicas y de conservación se unen con la academia, con el gobierno y con la comunidad organizada, el alcance que tenemos es exponencial. Juntos nos convertimos en una ventana de conocimiento hacia el mundo natural, que contribuye a generar en nuestros visitantes y demás audiencias actitudes y comportamientos positivos hacia el resto de la naturaleza, para beneficio de ambos.

La manera como la mayoría de nuestros visitantes nos perciben, cuando se les pregunta por qué vienen al zoológico, y responden “a ver animales”, se queda corta en revelar, por ejemplo, que zoológicos como el de Barranquilla cuentan con un portafolio de experiencias educativas, diseñado cuidadosamente desde la demanda, es decir, desde las necesidades de los maestros y los niños, y a partir de los lineamientos que el Ministerio de Educación Nacional ha establecido para las competencias científicas, en primer lugar, y también para áreas como lenguaje, matemáticas y ciudadanía. Sí, ¡en el zoo los niños también aprenden de matemáticas!

DSC08920Mucho se ha hablado y muy poco se ha investigado sobre el impacto que tienen los zoológicos, acuarios y otros escenarios de educación informal, como los jardines botánicos, centros interactivos de ciencia y tecnología, museos, planetarios, entre otros, en el aprendizaje.

Quiero decirles que la sensación de maravilla de los niños, y también de algunos adultos, cada vez que salgo de mi oficina a hacer un recorrido, es un maravilloso indicador. También lo son los resultados de las evaluaciones que conducimos rigurosamente sobre el impacto de nuestros programas, proyectos y actividades educativas. Y si quieren más evidencia, uno de nuestros voluntarios es hoy el Jefe de Biología y Conservación de nuestra organización, A los 16 años se paseaba por los senderos del zoo con un carrito lleno de plumas, huevos y cráneos, explicándoles a los visitantes sobre la importancia de los animales, y hoy, exactamente 16 años después, lidera nuestras iniciativas de bienestar animal y conservación.

Cada vez que tengo un mal día, un amigo siempre me recuerda que no podemos salvarlos a todos, y lamentablemente eso es cierto. Esta frase también aplica para nosotros, los zoos y acuarios. Pero tengo la certeza de que juntos podemos salvar a unos pocos más. Y por salvar me refiero a hacer la diferencia en las mentes y corazones de los niños, niñas y adultos que tenemos la oportunidad de inspirar.

En nombre de los zoos y acuarios latinoamericanos miembros de la comunidad ALPZA, porque sé que todos sentimos lo mismo, acompaño públicamente a nuestros amigos del Zoológico Nacional del Parque Metropolitano de Santiago de Chile en este difícil momento, los felicito por haber hecho lo correcto y espero que la persona que originó este incidente se recupere pronto.

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